Si te alejas unos cuantos metros del gran cuadro abstracto en el que se ha convertido la Internet, percibirás un volumen de información que supera tu imaginación. Y a esto se añade que la sociedad del conocimiento -como nos denominamos actualmente- ha logrado un aumento del consumo y producción de material intelectual sin precedentes. Sin embargo, es incomprensible la sub-utilización y omisión de varios mercados, de medios digitales de alto impacto y alcance como lo es el vídeo.

No hago referencia a los vídeos de consumo en masa, como se percibe por la influencia de plataformas de vídeo como YouTube o Vimeo. Sino a la omisión de los vídeos que apoyan un concepto o elevan un comunicado claro e incluso enérgico, al interior y/o exterior de una corporación. Olvidando que la percepción final de un cliente interno y externo, se puede estimular de forma visual y auditiva.

Por lo tanto y sin contemplar toda la interacción carente de explotación por medio de los agentes económicos; se considera absolutamente necesarias corporaciones en pro de trasgredir el anterior paradigma “marketinero” de los vídeos; y que los apropie como una fuente de sensaciones a los clientes, tales como confianza, entusiasmo, o urgencia de saber más sobre los productos o servicios.

En conclusión, con el vídeo las corporaciones tienen en sus manos una alternativa con un potencial de impacto implacable, y de gran capacidad de posicionamiento; la cual una vez integrada como un componente estratégico de las comunicaciones llegará a formar parte del Top of Mind de los clientes.

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